viernes, 4 de enero de 2008

DeSde eL oTrO EnGraNaJe...

El deseo, traposo,
circunda los límites del amor
y también del desamor.

Ceder,
ceder a la saliva caliente,
al roce sabroso y desleal,
impertinente.
No hay moral para el lenguaje
del cuerpo?
No hay memoria de la piel que es hogar,
que es cielo?

Perderse y regresar,
suena tan fácil
e imperdonable...

Todo se confunde
en un impulso desesperado,
todo se confunde
entre el amor,
el deseo del contacto,
de los labios húmedos
que van besando, apretando.

Decir, hacer, sentir,
abandono necesario,
abandono de lo conocido,
¿huir de la quietud?
no.
Aprender,
aprender a soltar
la mano compañera,
no.
Se termina el amor,
respuesta errada.

Renunciar,
renunciar a lo cierto,
a la piel casi propia,
renunciar a si mismos,
buscar renunciando
a lo deseado,
renunciar para alcanzar,
alcanzar algo,
algo, algo, no sé...
el vacío.








El otro engranaje
(Drexler)

El deseo sigue un curso paralelo,
y la historia es una red y no una vía,
días y noches de amor y de celos,
una cama se llena y otra se vacía.

Yo lo vi, hasta en los hospitales,
escapándose al motel los cirujanos...
¡Tan complicados los simples mortales,
y tan fácil saber que se traen entre manos!

Y bajo los congresos, las giras, rodajes,
las ferias agrícolas y convenciones,
gira inexorable el otro engranaje,
la noria invisible de las transgresiones.

La vida también es aquellos mensajes,
aquella llamada hecha desde la esquina,
poco de negocio tenían los viajes,
todo de su amor, aquella oficina.

El cantante ávido de nuevas pieles...
Aquel literato lució su guiñada...
y por los pasillos de tantos hoteles
el tráfico arrecia en las madrugadas.

Clara, evidente, manda la libido,
la fidelidad, brumosa palabra,
con su antigua lista de gestos prohibidos,
muerde siempre menos de lo que ladra.

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